Te he reconocido
gracias a los ojos,
que hace tiempo no
miraban tan lejano,
cuando un globo se
te escapó de las manos
y voló, y volaste
también tú. Si. Eres tú.
Los mismos ojos,
pero ahora más grandes;
o quizás solo en
un poco más de encanto,
han crecido y se han
seguido cuestionando.
Con los años miopes están ya.
Vivos, si, aunque un
poco más cambiados.
Morimos y con
el tiempo renacemos.
¡Como escondíamos,
bajo el edredón,
nuestro desconsuelo!
Como chispas
nos veíamos saltar
al ver la sonrisa en la
cara de mama.
A Clá. Te dejé ahí
así, por buscarme a mi.
Quizás he viajado demasiado y
con nostalgia he deseado
volver siempre a ti.
A Clá, tú eras un gran rey.
Yo no, nunca te alcancé.
Después que encontramos
todo en nada ahora hay
nada en ese todo
y ningún rey.
Un telón
se ha levantado entre tú y yo y
la vida,
que siempre soñé
como un bello bordado.
Pero ahora sé como hombre
que es trama urdida
entre odio y amor,
entre sí y no.
Y ahora aquí; como un
poco más cansados.
Dignos, ¿porqué no?
de este cabello blanco.
Implorando al tiempo,
al tiempo en el que
aún tenía miedo
de la mano de papá o
de una inyección,
o de una puerta que
poco a poco se abre...
A Clá, ¿cómo ha ido pues?
¿Si hemos llegado a vencer?
Pero yo sé que solo contigo
de nuevo vuelvo a reír,
y un día aprenderé
también a vivir.
A Clá, regresemos ya.
Lo sé que hay que terminar.
Yo estaba aquí
para retomarte y
te debo dejar.
Quizás algún día
te veré, A Clá.
En el tiempo y más allá.
Cuando nos encontremos...
A Clá.